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viernes, 25 de octubre de 2013

JuGaMoS aL aJeDReZ



Las dudas respecto al ajedrez siempre son las mismas: ¿es un juego? ¿es un deporte? ¿es una técnica educativa? ¿es una estrategia? ¿es una manera de ver la vida y la guerra? ¿es una actividad solo intelectual? ¿es un ejercicio de razonamiento y concentración? ¿o es todas estas cosas juntas y otras en las que no hemos pensado? 

El ajedrez se originó en el Valle del Indo, y sus comienzos datan del siglo VI  de la era cristiana. Fue difundiéndose  a través de las rutas comerciales de aquel tiempo, llegó a Persia y al Imperio Bizantino, extendiéndose por toda Asia.
Los árabes estudiaron profundamente el juego, analizaron sus movimientos y escribieron varios tratados sobre el ajedrez. Con la invasión de los árabes a la Península Ibérica se empieza a difundir por Europa. Hay datos de que ya lo jugaban los vikingos y los cruzados que habían visitado Tierra Santa.

En el juego cada jugador cuenta con dieciséis piezas: ocho peones, dos torres, dos caballos, dos alfiles, el Rey y la Reina. estas piezas se desplazan por el tablero de sesenta y cuatro casillas blancas y negras alternadas, llamadas escaques. El juego concluye cuando uno de los reyes es vencido, en la terminología ajedrecística, cuando está en Jaque Mate.

Y en estas estamos. Este curso nos hemos propuesto superar nuestras dificultades en el área de Matemáticas (la competencia lingüística parece ser que la dominamos más) y todos los martes durante una sesión contamos con Gustavo Gualdoni para aprender a jugar al ajedrez. Dicen los entendidos, y él es un entendido y maestro magnífico, que este juego despierta y educa la mente. Los alumnos se lo están tomando muy en serio y nosotros lo tutores esperamos que esa reflexión sobre las estrategias nos ayude a salvar la falta de planteamiento a la hora de resolver problemas.

Gustavo lo explica muy bien en la introducción de su libro.



"El ajedrez mediante pruebas iniciales, de carácter muy general, tiende a formar en los pequeños participantes los hábitos mentales y normas de conducta que su reglado ejercicio condiciona.


El ajedrez, de cuan legendaria, con un nimbo de esoterismo, quedó antaño reservado, por su origen y las dificultades de ejecución, a los rangos aristocráticos y a las personas de tono y sapiencia que otorga la edad.


Con el fluir del tiempo, a medida que su imperio crecía, perdió hermetismo y su culto se fue democratizando.


Lenguaje universal, confunde hoy su fronteras con la del orbe civilizado y, como si los límites de la realidad le fueran estrechos, está fundando provincias en el territorio mágico de los niños.


"El teatro más pequeño del mundo" ha sido llamado, con feliz metáfora, el tablero de ajedrez. La acción que en su tingladillo se juega es de índole substancialmente proyectiva. Quien la concibe, actor y espectador simultáneo, puede ver el desarrollo de su pensamiento como el tejedor ve la trama en su rueca. Este proceso, en cuya virtualidad el ajedrecista mira su obra objetivada paso a paso en el tablero, mientras aún está plasmándose en el atrio interior de su inteligencia, descubre tal vez el carácter específico del juego y abre un haz de perspectivas favorables a su aprendizaje en temprana edad. El estudiante se observa críticamente a sí mismo y al prójimo, durante y después de la partida, y el maestro iniciado podrá filiar la personalidad profunda de su alumno, inscrita en la faz de su desarrollo.


El ajedrez, constante ponderada en una larga docencia en los ambientes más dispares, ofrece para lo futuro nuevas motivaciones, de apenas explotadas reservas pedagógicas.

PENSAR JUGANDO

Ayuda a pensar jugando; educa la atención; disciplina la conducta, orientándolos hacia la responsabilidad; incita el sentido estético; conduce a prever; estimula a un tiempo imaginación creadora y razonamiento lógico; despierta el juicio crítico; contribuye a formar el espíritu de investigación. La tabla que antecede toma del ajedrez sus premisas y las traslada al prisma de la valoración educativa.


Persuadido de que la enseñanza del ajedrez, con carácter formativo, se corresponde con una época signada por la palanca del cambio, cuyos avances exigen del hombre mayor dominio de sí y actitud reflexiva, creo digna de estudio la idea de su incorporación en los programas escolares.


ÉTICA Y EL AJEDREZ

Éticamente indiscutible como actividad de competición organizada, basada en el esfuerzo del individuo -en este caso de su energía intelectual-, el ajedrez puede ser incluido dentro de la esfera deportiva; como creación estética, merece ser tenida por expresión artística; con motivo del análisis y síntesis, objeto de investigación, sujeto de leyes, materia de verificación y manifestación lógica, admite ser considerado como ciencia. Pero deporte, arte o ciencia, como toda actividad humana, el ajedrez no puede estar reñido con la ética. Más exactamente, el comportamiento de los hombres no pueden apartarse de lo correcto por el hecho de que su actividad esté volcada en ese supuesto al menester ajedrecístico.


La importancia de saber ganar y perder, la lealtad, la hidalguía, la honestidad de medios y de fines, la caballerosidad, el respeto, no pueden estar ausentes en ninguna manifestación humana ... ni aunque sea deportiva, artística o científica.


NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS DEMANDAS.

El avance cultural que en las últimas décadas se ha observado, permite extraer algunas conclusiones aplicables al ámbito ajedrecístico. En más de una oportunidad hemos oído y leído el azaroso camino, amojonado por etapas decisivas, que debe transitar en su preparación todo aquel ajedrecista que aspira a escalar posiciones en los cuadros de colocación de los clubes, federaciones o, incluso en el ránking nacional o internacional.


El saber se ha fragmentado y en cada especialización se han acrecentado los campos de investigación.


Con motivo de la intensa búsqueda de la verdad, la teoría en el juego del ajedrez se ha enriquecido notablemente; así, los conocimientos que de la apertura tenían, se han ido corrigiendo en modo sorprendente, a punto tal que posiciones teóricas que se creían inamovibles sufrieron grandes reformas, reflexión que se hace extensiva a los finales. El modo de conducir muchos de ellos ha merecido serios estudios y la corrección habida permite abrir un rico campo de análisis en procura de un mejoramiento técnico.


En esta contribución han participado jugadores y estudiosos de distintos niveles que de una manera u otra aportaron su dedicación y su ciencia.


La demanda es constante y en alza, y todos los que tenemos el juego ciencia como un imperativo, estamos llamados a brindar nuestro concurso desde el puesto que ocupamos.


Lo reclama el tiempo en que vivimos ... lo reclama el ansia de perfeccionamiento ... lo reclama el propio ajedrez."


de GUSTAVO GUALDONI

3 comentarios:

Lady Sterling dijo...

Bueno, el ajedrez entró en casa, supongo que por ti, y el campeón era nuestro padre.
Este verano, cuando vino Fernando de Jaén, estaba como loco queriendo un ajedrez, le habían enseñado en el campamento.
El ajedrez de casa de nuestros padres está ahora en la mía, y jugamos de vez en cuando a ello.
A mí me parece un poco aburrido, soy como Susanita más ansiosa, pero a Fernando que es más calmado, le encanta.
¿Crees a través del ajedrez cambiarán las tornas en matemáticas?...

doloretes dijo...

Dice el entendido, que en este caso es Gustavo, que sí. Que aprendiendo bien a jugar al ajedrez se ayuda mucho en las matemáticas. Pero claro, hay que tener un profesor exrtaordinario como es él.

Lucia.V. dijo...

Me encantas las clases de ajedrez con nuestro profesor de ajedrez ,yo al principio no tenia ni idea de como se jugaba a el ajedrez pero con nuetro profesor aprendimos enseguida.

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