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jueves, 2 de octubre de 2014

CReaCiÓn LiTeRaRiA



Aprovechando  la primera semana de clase sin estar sujetos a la tiranía de la programación, decidimos jugar en clase de lengua con cuentos e historias. Buscando y buscando nos tropezamos con una historia de Gianni Rodari “Aquellos pobres fantasmas” que además nos ofrecía la posibilidad de tres finales distintos.
Nos pusimos manos a la obra y la leímos en voz alta en clase sin llegar a saber los tres finales propuestos por el autor. Los niños iban inventando sus finales y después comprobábamos si coincidía nuestro final con el del autor.

Puedes leer las tres propuestas del autor  AQUÍ  o  AQUÍ.

AQUELLOS POBRES FANTASMAS
Gianni Rodari
En el planeta Bort vivían muchos fantasmas. ¿Vivían? Digamos que iban tirando, que salían adelante. Habitaban, como hacen los fantasmas en todas partes, en algunas grutas, en ciertos castillos en ruinas, en una torre abandonada, en una buhardilla. Al dar la medianoche salían de sus refugios y se paseaban por el planeta Bort, para asustar a los bortianos.
Pero los bortianos no se asustaban. Eran gente progresista y no creían en los fantasmas. Si los veían, les tomaban el pelo, hasta que les hacían huir avergonzados.
Por ejemplo, un fantasma hacía chirriar las cadenas, produciendo un sonido horriblemente triste. En seguida un bortiano le gritaba: —Eh, fantasma, tus cadenas necesitan un poco de aceite.
Supongamos que otro fantasma agitaba siniestramente su sábana blanca. Y un bortiano, incluso pequeño, le gritaba: —A otro perro con ese hueso, fantasma, mete esa sábana en la lavadora. Necesita un lavado biológico.
Al terminar la noche los fantasmas se encontraban en sus refugios, cansados, mortificados, con el ánimo más decaído que nunca. Y venían las quejas, los lamentos y gemidos.
—¡Es increíble! ¿Sabéis lo que me ha dicho una señora que tomaba el fresco en un balcón? «Cuidado, que andas retrasado, me ha dicho, tu reloj se atrasa. ¿No tenéis un fantasma relojero que os haga las reparaciones?»
—¿Y a mí? Me han dejado una nota en la puerta sujeta con un chincheta, que decía: «Distinguido señor fantasma, cuando haya terminado su paseo cierre la puerta; la otra noche la dejó abierta y la casa se llenó de gatos vagabundos que se bebieron la leche de nuestro minino».
—Ya no se tiene respeto a los fantasmas.
—Se ha perdido la fe.
—Hay que hacer algo.
—Vamos a ver, ¿qué?
Alguno propuso hacer una marcha de protesta. Otro sugirió hacer sonar al mismo tiempo todas las campanas del planeta, con lo que por lo menos no habrían dejado dormir tranquilos a los bortianos.
Por último tomó la palabra el fantasma más viejo y más sabio.
—Señoras y señores —dijo mientras se cosía un desgarrón en la vieja sábana—, queridos amigos, no hay nada que hacer. Ya nunca podremos asustar a los bortianos. Se han acostumbrado a nuestros ruidos, se saben todos nuestros trucos, no les impresionan nuestras procesiones. No, ya no hay nada que hacer... aquí.
—¿Qué quiere decir «aquí»?
—Quiero decir en este planeta. Hay que emigrar, marcharse...
—Claro, para a lo mejor acabar en un planeta habitado únicamente por moscas y mosquitos.
—No señor: conozco el planeta adecuado.
—¡El nombre! ¡El nombre!
—Se llama planeta Tierra. ¿Lo veis, allí abajo, ese puntito de luz azul? Es aquél. Sé por una persona segura y digna de confianza que en la Tierra viven millones de niños que con sólo oír a los fantasmas esconden la cabeza debajo de las sábanas.
—¡Qué maravilla!
—Pero ¿será verdad?
—Me lo ha dicho —dijo el viejo fantasma— un individuo que nunca dice mentiras.
—¡A votar! ¡A votar! —gritaron de muchos lados.
—¿Qué es lo que hay que votar?
—Quien esté de acuerdo en emigrar al planeta Tierra que agite un borde de su sábana. Esperad que os cuente... uno, dos, tres... cuarenta... cuarenta mil... cuarenta millones... ¿Hay alguno en contra? Uno, dos... Entonces la inmensa mayoría está de acuerdo: nos marchamos.
—¿Se van también los que no están de acuerdo?
—Naturalmente: la minoría debe seguir a la mayoría.
—¿Cuándo nos vamos?
—Mañana, en cuanto oscurezca.
Y la noche siguiente, antes de que asomase alguna luna (el planeta Bort tiene catorce; no se entiende cómo se las arreglan para girar a su alrededor sin chocarse), los fantasmas bortianos se pusieron en fila, agitaron sus sábanas como alas silenciosas... y helos aquí de viaje, en el espacio, como si fueran blancos misiles.
—No nos equivocaremos de camino ¿eh?
—No hay cuidado: el viejo conoce los caminos del cielo como los agujeros de su sábana...

Propuesta de Maria Li, 6º de Primaria

Se mudaron un martes por la noche. Una vez allí , en el nuevo planeta, se trasladaron a una
casa abandonada. Al día siguiente por la noche, empezaron a asustar a la gente y al cabo de una hora todo el planeta estaba horrorizado. Los fantasmas se sentían como pez en el agua y tan felices
estaban que decidieron quedarse allí durante décadas e incluso durante siglos.... Puede que todavía estén allí.


Propuesta de Hugo Reche, 6º de Primaria

Cuando se mudaron a la tierra , pensaron que allí asustarían a todo el mundo, y coincidió que llegaron el día de las inocentadas y, obviamente, los fantasmas no lo sabían. Una vez ya en la tierra, se escondieron detrás de los muebles esperando a que alguien pasara , de repente vieron acercarse a un hombre un poco raro, con pintas raras, camiseta destrozada y pantalón con rastros de sangre y los fantasmas decidieron asustarle, se acercaron poco a poco y ...¡ uhhhh ! El hombre soltó
una carcajada y dijo : “Pensabais que ibais a asustarme, ja ja ja....hoy es el día de las inocentadas.
Los fantasmas decepcionados decidieron volver a su planeta y conformarse con la vida que tenían antes en Bort.

Cuando acabamos esta actividad dimos un paso más adelante: los alumnos crearon sus propias historias dejando el final abierto para que lo acabara otro compañero.


Colaboración Juani Rubio, tutora de 6º de Primaria y responsable de la Biblioteca

Esto nos lo contarán otro día. Ya sabemos que la creación artística lleva su tiempo. Pero lo que nos ha quedado claro cuando Juani nos lo ha contado es que han disfrutado mucho algunos de sus alumnos haciendo la actividad. Y ya solo por eso, está muy bien. Venga, ésta ha sido la primera ahora ya ¡a por el resto!

1 comentario:

José Ramón de Cea dijo...

¡Magnífico blog, Dolores! Enhorabuena. Te invito a que te des una vuelta por el mío. Un saludo. http://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com/

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