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sábado, 7 de enero de 2012

En ReCueRDo A LoS NiÑoS De HaiTí



Los Reyes me han traído un libro solidario: "El poder de la palabra. Nuestras Infancias con Haití" que recoge escritos en prosa y en poesía de varios autores recordando su niñez junto a una fotografía de sus primeros años.  Un libro para emocionarnos, dice su presentación, para pensar, para revivir algunas experiencias infantiles en los poemas o las prosas de los autores. Y sobre todo para sentir el poder de la palabra por la infancia de Haití, a cuyo beneficio se destina la recaudación del libro, a través de UNICEF España.
No tiene grandes pretensiones literarias, aunque participa algún que otro "grande" como Luis García Montero que a mí me gusta personalmente o Chema Purón, cantante de mi tierra que llena algún que otro rincón de mi adolescencia riojana.

De entre todos los textos me ha gustado especialmente el de Julia Navarro con el que más  me he identificado.

Recuerdos de mi infancia

Los recuerdos de mi infancia están profundamente relacionados con dos mujeres que marcaron mi vida: mi madre y mi abuela.

La memoria de mi abuela está unida a la lectura. Aprendí a leer tempranamente, con cuatro años. Mi abuela, me ponía a leer todas las tardes. mientras ella cosía, yo le leía novelas. Creo que la primera novela de mayores que leí fue "La dama de las Camelias", porque esas lecturas le agradaban a ella y yo se las leía con gusto, aunque era muy pequeña y no sabía realmente lo que leía.

La memoria de mi madre se une a las mañanas de domingo: ese arreglarse para ir a misa, y la mañana para mi madre y para mí. En los largos paseos cogida de su mano, hablábamos de todo. De los viajes que queríamos hacer a lugares recónditos,de los libros que leíamos juntas, de los problemillas que yo tenía en el colegio, de mis sueños para cuando me hiciera mayor. Mi madre me escuchaba pacientemente y siempre encontraba solución para todas mis inquietudes y problemas, y sobre todo me decía que si deseaba algo de verdad podría conseguirlo, ya fuera ser una estupenda bailarina de ballet (que ésa era mi vocación) o cualquiera cosa que yo quisiera. nunca me dijo que mis sueños no pudieran convertirse en realidad, sino que me animara a cumplirlos.
También recuerdo con cariño el momento en que nos acercábamos  al quiosco para comprar, ella el periódico y alguna revista y para mí, tebeos.

La Navidad es otro de los recuerdos maravillosos de mi infancia. Mi abuela era capaz de crear un clima mágico y hacernos sentir a todos inmensamente felices. poníamos el Nacimiento todos juntos, mis abuelos, mi madre, mis tías y tíos, mis primos. El día que poníamos el Nacimiento era una fiesta y comenzábamos a celebrar por anticipado la Navidad. Esa tarde llegaba a la mesa de la merienda  los primeros turrones y mazapanes, la fruta escarchada, las nueces y avellanas, los polvorones. Cantábamos villancicos y los pequeños de la casa comenzábamos a pensar en la Carta a los Reyes Magos.

En casa también poníamos un abeto. Íbamos con mi tío Juan, el hermano pequeño de mi madre, a la Plaza Mayor a comprar bolas de colores y figuritas para adornar el árbol. Y nos dejaban que los pequeños decoráramos a nuestro antojo.

cuando mis abuelos murieron mi madre tomó el relevo y logró que para todos los niños de la casa las Navidades continuaran siendo mágicas y el momento más deseado del año.

Ahora me ha tocado a mí tocar la tradición y hacer que las Navidades continúen siendo como fueron en mi infancia. Y, año tras año, tíos y primos nos volvemos a reunir en torno a la mesa para estar juntos y sobre todo al mirarnos, ser capaces de transmitirnos lo mucho que nos queremos.

La llegada de la primavera coincidente con el domingo de Ramos, es otro de los momentos más especiales de mi niñez.

A la tradición de estrenar alguna prenda- calcetines, zapatos, vestido, suéter..., siguiendo el dicho "el domingo de Ramos el que no estrena, no tiene manos"-, se le unía, el paseo de la Rosaleda, a ver las primeras rosas de la recién inagurada estación,un doble estreno, por supuesto en compañía de mi madre.

Puedo afirmar que fui una niña muy querida, rodeada del cariño  de madre, abuelos, tías,tíos, con vínculos de afecto y ayuda.

Conservo la calidez de mi abuela y, sobre todo, de mi madre, que muchas veces lejos de reñirme por las ocurrencias y travesuras de niña, me enseñó a acatar las normas con otras estrategias muy peculiares, y a algo mucho más fundamental como a ser libre.

Hoy en día tengo dos grandes preocupaciones, una la situación de la infancia en el mundo, los vulnerables que son los niños, no sólo en los países del Tercer Mundo, incluso en nuestra propia sociedad. Pero sobre todo me resulta insoportable saber que tenemos tanto frente a millones de niños que no tienen nada, y pienso en cuanto a talento, inteligencia, bondad, vidas en definitiva se van a frustrar por falta de oportunidades.

Mi segunda preocupación son los ancianos, igual de vulnerables que los niños.

Transcrito de una conversación con Julia sobre sus recuerdos infantiles, en Logroño, 2010

Un buen ejercicio de escritura sería recordar alguna parte de nuestra infancia. Todos tenemos recuerdos guardados en nuestro corazón de nuestra niñez. Abtenerse niños y niñas, pues vosotros estáis viviendo vuestra infancia y vuestros recuerdos son el presente.

1 comentario:

M. Roser Algué Vendrells dijo...

Doloretes me ha gustado encontrarte en mi blog, me encanta cuando alguien me visita y más cuando veo que tenemos en común la dedicación a los niños...
Me ha encantado el post que cuenta unas vivencias infantiles, y eso que dices que no te gusta recordar...(si, ya se que estas no son tuyas)me sacó una sonrisa imaginarme a una peque de cuatro años, leyendo La dama de las camelias.
Quizás seria bueno que los niños y niñas leyeran los recuerdos de nuestra infancia, creo que seria muy didáctico para ellos.
Besadetes.
M. Roser

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