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jueves, 26 de mayo de 2011

Un PoeTa En CaSa

Ilustración de Svetlana Rumak

Como ya sabemos este curso hemos dado muchas vueltas alrededor de la poesía (y las que nos quedan por dar) y en estas que una alumna del cole se me acerca y me dice que su abuelo ha escrito un libro de poemas.
Su pregunta inocente y respetuosa "¿Te lo puedo traer?".
Encantada.
Y aquí que, a pesar de ser un opco olvidadiza para otras cosas, al día siguiente en mis manos estaba el comentado libro.


Editado en Paraguay en el año 2008 Lucidio Arzamendia nos hace en su poemario ""Versos dispersos. Poemas breves" un recorrido por su vida, pensamientos cotidianos. Un lenguaje sencillo para la recopilación de poesías escritas a lo largo de muchos años y que han sido guardadas hasta este reciente momento de publicación. Su título de llamar a los versos dispersos se debe precisamente a esto, es un largo trayecto de años, desde su época de estudiante hasta los que son de reciente creación.
La temática muy diferenciada pero siempre subjetiva. Para su mejor comprensión y análisis la obra está estructurada de esta manera:
Versos de la razón: de carácter filosófico, didáctico, social...
Versos del corazón: sentimientos amorosos.
Versos del alma: vivencias íntimas del autor y sueños y deseos no realizados.
Versos de la vida: con experiencias propias de la niñez y de hechos que han marcado su vida.

Su autor nació en Tebicuary-mí en 1946 aunque desde hace treinta años reside con su familia en Ciudad del Este donde es catedrático e Filosofía, Antropología, Sociología Y Política, además de Lengua Castellana y Literatura.

Y su nieta emocionada y con un nudo en la garganta leyó a sus compañeros de sexto el poema que su abuelo escribió para sus hijos y nietos emigrantes que abandonaron Paraguay para llegar a España. Os dejo dos estrofas.

DESARRAIGO

(...)
Allá fueron mis hijos,
tus hijos y los de aquel;
ellos dicen que están bien,
que no se preocupen por ellos;
mas, ¿quién es el padre a o la madre
que diga que no quiere verlos?

Mi casa está vacía desde entonces:
hay cuartos vacíos, sillas vacías,
horas vacías de travesuras, de risas,
vacíos de alegría,
y es en vano,
porque un inmenso mar de penas nos separa.

(...)

Ojala encontráramos más abuelos poetas, más padres trovadores y más madres contadoras de cuentos... Aunque la cuestión es buscarlos, seguro que se hallan. No hemos de quedarnos esperando a que salgan a nuestro encuentro, como este abuelo paraguayo, hay que subir al monte como a buscar setas. Y te tropiezas con ellos. Abuelos poetas, padres trovadores, madres contadoras de cuentos...

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